Movimientos sociales y elecciones ecológicas: explorando la decadencia de los grupos de consumo en Tenerife
Por Fátima Llull Cruz | Estudiante Intro-Investigación
En los últimos años, el consumo de productos ecológicos ha aumentado de manera significativa. Sin embargo, este fenómeno ha sido escasamente explorado desde una perspectiva sociológica en el archipiélago canario. En particular, Tenerife presenta un interés especial debido a su notable capacidad para la producción ecológica y su elevada densidad de establecimientos dedicados a la venta de estos productos. Además, según el Instituto Canario de Estadística (ISTAC), aproximadamente el 14,08 % de la población tinerfeña consume productos ecológicos diariamente o casi todos los días.
Dentro de este panorama, aparece una figura la cual pasa un tanto desapercibida, pero cuyos beneficios socioeconómicos son muchos y todavía no se conocen en profundidad en el contexto de Canarias: los grupos de consumo. Definidos como asociaciones de individuos que se reúnen periódicamente para adquirir productos ecológicos directamente de los productores locales, son un elemento clave en la filosofía de lo ecológico, la cual, en esencia, busca desafiar la estructura económica capitalista. Estos grupos no solo facilitan la adquisición de alimentos y otros productos ecológicos, sino que también producen mejoras para el conjunto de la población y fomentan una red de interacción social. A modo de síntesis, los grupos de consumo representan un movimiento de consumo alternativo que desafía el modelo alimentario tradicional y que proporciona la soberanía alimentaria necesaria para Canarias.
De manera que se pueda comprender la posición y la dinámica de los grupos de consumo en Tenerife, se ha desarrollado una investigación cuyo objetivo principal es analizar el funcionamiento y evolución de los grupos de consumo en la isla, ya que parece ser una práctica poco conocida y utilizada por los consumidores. Además, los primeros indicios sugieren una notable disminución en el número de estos grupos en la isla, posiblemente debido a conflictos organizativos internos o a la creciente competencia con las grandes cadenas de alimentos.
Para abordar este tema se ha adoptado una metodología mixta. Por un lado, se ha realizado un análisis de datos estadísticos para contextualizar el fenómeno y, por otro lado, se han llevado a cabo entrevistas semiestructuradas a productores y consumidores de grupos de consumo y observación participante, con el fin de poder obtener una comprensión más profunda de las dinámicas internas de estos grupos.
En cuanto a los resultados, por una parte se ha podido observar una pérdida de miembros en los grupos de consumo, además de una disminución de la constancia e implicación de los que permanecen, por lo que han aumentado las actividades encaminadas a fomentar una mayor participación, como puede ser la visita a las fincas que proporcionan los productos, talleres de diferente tipo, etc. También se percibe una pérdida de conocimiento y conexión con la naturaleza de las personas consumidoras, razón por la cual la labor educativa adquiere mayor importancia. El perfil sociodemográfico hace referencia a personas con una buena estabilidad económica y, dentro de eso, hay quienes participan sin involucrarse o quienes lo hacen conociendo la importancia de su acción, queriendo fomentar una mejora del sector primario; aunque los motivos de consumo, al igual que en otros estudios analizados, son principalmente individualistas, quedando relegados a un segundo plano las causas sociales. Los motivos de estos cambios son la pandemia por COVID-19, que afectó tanto a personas consumidoras como productoras, en relación a ello la economía parece ser otro factor que influye a la participación en estos grupos, sin olvidar la falta de tiempo y el descontento con la variedad o cantidad de las cajas repartidas, ya que no se adaptan a todas las personas consumidoras.
Por otro lado, entrando de lleno en el tema de la pérdida de militancia en los grupos de consumo, nos encontramos ante una situación ambivalente. Es cierto que las motivaciones de las personas que participan en estos grupos son, en primer lugar, de tipo individualista como puede ser la salud, sin embargo, se aprecia una persistencia de valores y motivaciones sociales como la conciencia colectiva, la justicia social, la sostenibilidad ambiental, etc. Por tanto, se llega a la conclusión de que es la estructura de los grupos de consumo lo que fomenta la militancia y las motivaciones sociales, ya que su razón de ser “obliga” a las personas consumidoras a adaptarse al ritmo y exigencias de un grupo de este tipo, aunque en un principio participen por razones individualistas; o bien a abandonarlo por no poder hacerse cargo de lo que implica.
Los resultados de la investigación abren una nueva línea de estudio en la sociología del consumo en Canarias, una región donde este tema ha sido inexplorado hasta ahora. También proporciona una base sólida para futuras investigaciones que quieran moverse en esta temática y para la formulación de políticas que apoyen el desarrollo social y económico sostenible en la región, además de ser una ayuda para que los grupos de consumo conozcan, desde una perspectiva científica, su dinámica y postura en cuanto a los movimientos sociales y la acción colectiva.